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Calaveras literarias cortas y chistosas

¡Bienvenidos a nuestro blog para mexicanos! Aquí encontrarás mas de 900 calaveras literarias para festejar el Día de los Muertos. En esta ocasión, te mostraremos una selección de las mejores y más originales calaveras literarias chistosas cortas.

Si estas buscando calaveritas específicas sobre otro tema, o en el caso de que necesites calaveras literarias personalizadas con nombres, visita la siguiente sección:

20 calaveritas literarias cortas y chistosas

Doña Esperanza R. Terna

Doña Esperanza, en la parca confiaba,

le pidió más años, ¡pero no le alcanzaba!

La huesuda, riendo, le dijo con calma,

«Los años extra, en oferta, no están en mi palma.»

Don Juan Mermado

Don Juan Mermado, siempre preocupado,

le temía al dentista, pero ahora está arreglado.

La parca llegó, y sin anestesia siquiera,

le sacó la última muela, ¡adiós a la cartera entera!

La Bloguera Eternal

En la red seguía, con su blog al día,

la bloguera presumida, a todo le daba la vuelta.

Pero la muerte llegó sin piedad ni aviso,

su último post decía: «Hoy el cielo conquisto.»

Don Dinero Finito

Don Dinero Finito, millonario sin tino,

la muerte le contó el verdadero destino.

«Tus cuentas millonarias aquí no importan,

en el más allá, los bienes no reportan.»

Señorita Selfie

Se tomaba selfies a cada momento,

creyendo que así engañaba al tiempo.

Pero la parca no entendía de filtros ni luces,

y se llevó su alma, dejando selfies sin cruces.

Don Juan Rondín

Don Juan Rondín, un vividor sin fin,

en la fiesta de su vida, la parca lo atrapó al fin.

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Bailando y bebiendo, sin parar ni respiro,

la última copa tomó, ¡y se fue en suspiro!

Doña Catastrófica

Doña Catastrófica, todo lo veía mal,

la muerte la esperaba, paciente y puntual.

«Hoy me quejo de todo, ¿y quién me detendrá?»

Pero la muerte se rió, y a callar la hizo entrar.

Don Timorato Valiente

Don Timorato Valiente, de miedo ni un diente,

desafió a la parca, creyó que era prudente.

Pero la parca, con risa siniestra y serena,

le mostró su guadaña, y Don Timorato tembló en pena.

Señora Dieta Eterna

Señora Dieta Eterna, nunca disfrutó la cena,

la parca le ofreció su último veredicto.

«¿Querías adelgazar eternamente? Aquí lo tienes,

¡pero ahora todos los postres te son ajenos!»

Don Ignacio Dormilón

Don Ignacio Dormilón, un eterno soñador,

pensó que la muerte era solo un rumor.

«La vida es un sueño», decía con ilusión,

hasta que la parca le despertó con su guadaña en acción.

Señor Amante del Sof

Señor Amante del Sofá, siempre en su lugar,

la vida pasó frente a él sin ningún aspaviento.

La parca llegó y con voz desganada le dijo,

«Te llevas tu sillón, ¡y el control remoto al viento!»

Doña Esperanza Postergada

Doña Esperanza Postergada, siempre retrasada,

pensó que a la parca también podía dar largas.

«Un día más, espera un poco», solía decir,

pero la parca no esperó, y la llevó sin pedir.

Don Rodrigo Olvidadizo

Don Rodrigo Olvidadizo, siempre en su mundo despistado,

la muerte lo esperó, pero él la había olvidado.

«Un encuentro pendiente tengo», decía en vano,

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hasta que la parca le recordó su destino cercano.

Señora Bromas Infinitas

Señora Bromas Infinitas, risas sin medidas,

creía que su chiste eterno la salvaría.

La parca rió, y al escuchar su broma insulsa,

le dijo, «Ahora en el más allá, ¡solo habrá humor de ultratumba!»

Don Valentín Desenamorado

Don Valentín Desenamorado, corazón congelado,

la muerte le dijo, «Tu soledad ha terminado.»

«¿Por fin encontraré el amor?», preguntó intrigado,

«Solo si Cupido trabaja en el más allá», respondió la huesuda con sarcasmo afilado.

Señor Eterno Procrastinador

Señor Eterno Procrastinador, siempre posponiendo con fervor,

creyó que la parca también se retrasaría.

Pero la parca llegó puntual, sin compasión ni demora,

«Tu tiempo se agotó, ya no hay prórroga, señoría.»

Doña Rosaura Rumorosa

Doña Rosaura Rumorosa, chismosa y parlanchina,

pensó que en el más allá seguiría su rutina.

La parca le dijo, «Aquí no hay secretos ni murmullos,

¡así que tu lengua, en silencio, quedará inmóvil!»

Don Gaspar Tecnológico

Don Gaspar Tecnológico, siempre con su dispositivo,

creía que en el más allá habría Wi-Fi infinito.

La parca rió y le mostró su espectral pantalla,

«Lo siento, amigo, aquí la conexión no se escala.»

Señor Festejo Interminable

Señor Festejo Interminable, la vida era un carnaval,

creyó que en el más allá todo sería igual.

La parca lo esperó con globos y serpentinas,

«La fiesta terminó, es hora de nuevas esquinas.»

Doña Clarisa Olvidada

Doña Clarisa Olvidada, siempre distraída y atolondrada,

la muerte la encontró en medio de su enredo.

«¿Ya es hora de irnos?», preguntó con sorpresa,

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«Sí, pero esta vez, no olvides tus recuerdos.»

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¡Y así, queridos lectores, concluye nuestro divertido desfile de calaveras literarias cortas y chistosas! Estas ingeniosas rimas nos recuerdan que, incluso en la muerte, el humor puede ser un compañero invaluable. ¿Quién hubiera pensado que la guadaña y la risa podrían ir tan bien juntas?